KTM se defiende ante una investigación europea sobre emisiones en el enduro al estilo ‘Dieselgate’
La venta de motos de enduro “Ready to Race” (listas para competir), tal y como las conocemos, vuelve a estar bajo la lupa. Una investigación de carácter medioambiental ha situado a KTM en el centro de una amplia polémica sobre emisiones en Europa, aunque la marca austriaca niega rotundamente cualquier irregularidad y asegura que las acusaciones parten de un “malentendido fundamental”.
La denuncia contra el mayor fabricante europeo de motocicletas llega tras una investigación liderada por Climate Whistleblowers (CW), en colaboración con un consorcio de medios europeos entre los que figuran Le Monde, Der Spiegel, El País y DeSmog.
Publicada bajo el título “Unrestricted” (sin restricciones), la investigación sostiene que concesionarios vinculados a KTM en siete países europeos deslimitan de forma habitual motos de enduro antes de que lleguen a los clientes, desconectando sistemas de control de emisiones, modificando ajustes de motor e instalando mapas de potencia completa poco después de la entrega desde fábrica.
La gama de motocross de KTM, destinada exclusivamente al uso off-road, no estaría afectada por estas acusaciones. El foco se sitúa únicamente sobre la doble naturaleza de sus modelos de enduro, homologados para circular por carretera, pero concebidos también para la competición. Y ahí es donde la burocracia ha metido mano.
La marca naranja responde
KTM rechaza de pleno las acusaciones. En un comunicado, un portavoz de la marca aseguró que “el Grupo vende sus motocicletas exclusivamente cumpliendo con la normativa europea aplicable”.
“En esencia, los modelos de enduro son motos deportivas que, en su configuración homologada de entrega, también están autorizadas para circular por vías públicas”, explica KTM.
“Esta capacidad de doble uso es intencionada, necesaria y estándar dentro de la industria”.

La marca insiste en que todos los modelos de enduro KTM, Husqvarna y GASGAS salen de fábrica completamente homologados y en condiciones legales para circular por carretera. Según KTM, cualquier conversión para uso en competición se realiza únicamente después de la compra y a petición del cliente.
“Los compradores de nuestras motos de enduro son informados expresamente de que la homologación para carretera expira una vez realizada la conversión para uso en competición, y de que el vehículo ya no puede utilizarse en vías públicas”, continúa el comunicado.
Incluso en el caso de que las acusaciones se tomaran en consideración, KTM recuerda que “según la Agencia Federal de Medio Ambiente alemana, las motocicletas representan aproximadamente el 0,3% del total de emisiones de CO₂ en Alemania [...] y los modelos de enduro de competición son solo una pequeña fracción de esa cifra”.
Las acusaciones, al detalle
Según la investigación, grabaciones encubiertas obtenidas en varios países mostrarían a personal de concesionarios hablando de la venta de motos deslimitadas a “potencia completa”, mientras se entregaba documentación que indicaba que las unidades seguían siendo legales para circular por carretera.
El informe afirma que una KTM 300 EXC deslimitada, supuestamente sometida a pruebas independientes, resultó ser diez veces más contaminante y dos veces más ruidosa de lo permitido por los límites europeos.
Climate Whistleblowers sostiene que esta práctica supondría una forma extendida de eludir la normativa internacional. Desde el inicio, la investigación presenta el caso como un ejemplo de “deslimitación sistemática con graves consecuencias para la salud pública y el clima”, estableciendo paralelismos con el escándalo Dieselgate de Volkswagen.

Sin embargo, incluso tomando como referencia las cifras citadas por el propio informe, la escala global del problema parece limitada. Expertos del sector consultados por los investigadores estiman que KTM podría vender hasta 10.000 motos “deslimitadas” al año en Europa.
Según datos de la consultora especializada MCD, esa cifra equivaldría apenas al 0,59% de todas las motocicletas y ciclomotores vendidos en el continente el pasado año.
Si se compara con el conjunto del sector del transporte, el porcentaje es aún menor. Frente a las ventas anuales de turismos en Europa, el número estimado de KTM potencialmente no conformes representaría alrededor del 0,08% del transporte motorizado. Una gota en el océano, especialmente si se tiene en cuenta el escaso kilometraje que suelen recorrer muchas motos de enduro a lo largo de su vida útil.
Viejos fantasmas que vuelven
Los lectores estadounidenses recordarán un caso similar con Harley-Davidson en 2016, cuando la marca de Milwaukee acabó en el punto de mira de los reguladores por su Screamin’ Eagle Pro Super Tuner, un dispositivo aftermarket acusado de elevar las emisiones por encima de los límites permitidos.
Harley-Davidson negó entonces cualquier irregularidad, argumentando que esos dispositivos estaban destinados únicamente al uso en competición. Sin embargo, el caso terminó con una sanción judicial de 12 millones de dólares para la marca americana.
¿Qué significa esto para los usuarios?
Para los pilotos y para la industria en general, las posibles consecuencias regulatorias derivadas de este caso podrían ir desde algo prácticamente irrelevante hasta medidas mucho más severas.
Lo más probable, al menos por ahora, sería un refuerzo de las normas ya existentes. Es decir: los clientes podrían seguir deslimitando sus motos homologadas para carretera, pero deberían ser informados de forma aún más clara de que, al hacerlo, circular por asfalto con ellas dejaría de ser legal.
Parece poco probable, teniendo en cuenta el enfoque claramente deportivo de la gama KTM EXC y EXC-F, que los kits originales de deslimitación pudieran llegar a prohibirse de una forma similar al caso de Harley-Davidson mencionado anteriormente.
En cualquier caso, esta no es ni mucho menos la primera vez que el enduro y el off-road se ven sometidos a control. Quienes forman parte de este mundillo conocen de sobra los quebraderos de cabeza que provocan aquellos que preferirían no ver motos circulando fuera del asfalto, ni siquiera como actividad recreativa. Y excusas, para ellos, nunca faltan.
Entonces, ¿significa esto que acabaremos todos montando motos tan capadas que no tendrán fuerza ni para subir un bordillo? Probablemente no. Aunque la investigación ha generado mucho ruido, todavía es demasiado pronto para saber qué medidas podrían tomar los reguladores, si es que finalmente toman alguna.
Fotos: KTM Images

















